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Deva

Viernes, 02 de junio de 2006

Después de tanto tiempo


Después de tanto tiempo vuelvo a mi bitácora pensando en una frase que ayer escuché en Televisión. Decía un contertulio -cotilla de esos de los programas que ahora emiten a todas horas que la enfermedad y muerte de Rocío Jurado era injusta......, y la de mi padre, la de mi madre, la de mi hermana que se fué a los 57 años, la de mi primo Alfonso al que una meningitis se llevó a los l6 y la de tantos otros seres queridos de cada uno de nosotros aúnque no tuviesen ''nosecuantos'' discos de Oro ni una voz prodigiosa.

Estaba viendo ahora la iglesia donde los familiares de Rocío deciben el pésame de tantas personas y no he podico menos que acordarme del funeral de mi padre que se celebraba en nuestro templo parroquial del centro de Vigo, la Iglesia de Santiago de Vigo. Cuando yo llegué me sentí sobrecogida porque la gente ocupaba todo el atrio y la escalinata que sube al templo y no me sentía capaz de acceder al interior pasando por todos los abrazos y pésames que esperaban nuestra llegada, de modo que entré por uno de los laterales y pode comprobar que el interior estaba lleno, ya casi no cabía nadie, pero lo que más me emocionó fué ver sentados en la primera mitad de los bancos a unas gentes que yo no conocía, numerosas mujeres humildes de todas las edades, hombres curtidos sin duda por el mar, monjitas de San Vicente de Paul y del Asilo de Ancianos de Vigo, algunos de ellos llorando, como unas viejiñas de la aldea tocadas con su pañuelo negro de viudas. A algunas de esas personas las conocí yo personalmente en el ejercicio de mi profesión de Asistente Social y allí estaban Tranviarios y sus familias y padres de niños discapacitados y sus familias que estaban para acompañarme a mi.

Nunca había asistido a un funeral tan multitudinario, la gente que quería demostrarnos su afecto no cabía en la iglesia y por eso se quedaron por el atrio y en las escaleras. Tanto mi padre como mi madre atraían a esa multitud de personas agradecidas a quienes habían tratado con cariño y ayudado en todo tipo de problemas, no había personajes que salieran en la prensa y en revistas, ni ningún político, ningun Marqués o Conde o Duque, había marineros, ancianos, mucha gente humilde, muchos médicos, enfermeras, monjitas, gentes de la cultura local que luego lo fueron de la española, gentes de clase acomodada y profesionales de todo tipo y todos los amigos de la familia, viejos y jóvenes.

Yo suelo controlar muy bien la expresión de mis emociones pero no pude controlarlas esta vez al ver llorar mansamente a algunos hombres curtidos y a unas viejiñas con su pañuelo negro en la cabeza y calzadas con zapatillas y que sin duda eran ancianas acogidas en el Asilo de Vigo, y me puse a llorar también por nuestra orfandad, por la mía y la de ellos. Tenía mi padre 68 años cuando se fué y se llevó con él su humanidad y su hombría de bien, pero este recuerdo estará entre nosotros hasta que cada uno de los que le lloramos nos hayamos ido también.

Por: Deva | Diario de a bordo | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Hola Deva, espero te acuerdes de mí, nada decirte que como siempre me emocionas con tus sencillos escritos.
Un abrazo
Lurdes

Lurdes | 02-10-2008 13:46:38

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Escribo opiniones sobre temas de actualidad que llaman mi atención.Casi siempre en clave de irónico humor galaico-británico.Me atrevo con Religión, Educación y Política aúnque también hay cosas escritas desde los sentimientos y la admiración por lo bello.

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